La Bestia Rabban me mandó ser el brazo ejecutor de su venganza contra Gurney Halleck. Una falsa llamada de socorro atrajo a un grupo de soldados Atreides a un puesto de avanzada. Gaseé a la unidad entera con neurotoxinas, ejecuté a los supervivientes envenenados, atrapé a un soplón y no solo derroté al capitán Moser, el cachorro de Halleck, sino que lo dejé colgado, ensangrentado y aún vivo como regalo para el señor Rabban.