Elara Tuek me pidió que asesinase a un nuevo líder emergente entre los esclavistas de la depresión de Hagga. Encontré a dicho líder, a quien llamaban el Glotón, y lo maté tras ser testigo de sus horrendos actos de canibalismo. Curiosamente, al morir pude ver cómo brillaba brevemente bajo su piel una marca similar a la que tengo yo en la cara.